La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha solicitado ante la Intellectual Property office of the European Union (HOST) el registro de audio de su voz como marca sonora para reforzar su protección frente a las imitaciones digitales. En la grabación de cuatro segundos pronuncia la frase: «Io sono Giorgia Meloni», «Yo soy Giorgia Meloni».
La elección de la frase tiene un significado especial: evoca las palabras que Meloni pronunció en un acto público en Roma en 2019, antes de llegar al poder, y que se convirtieron en uno de sus lemas más reconocibles: «Yo soy Giorgia, soy una mujer, una madre, una italiana y una cristiana». La expresión «Io sono Giorgia» también dio título a sus memorias.
Una grabación de apenas cuatro segundos ha situado las marcas sonoras en el centro del debate sobre la inteligencia artificial. La iniciativa pretende añadir una herramienta jurídica frente al uso indebido de la identidad vocal, en un contexto en el que resulta cada vez más sencillo crear audios falsos.
Una voz reconocible frente a los montajes digitales
Las herramientas de inteligencia artificial permiten reproducir voces y generar declaraciones que una persona nunca ha pronunciado. Estos contenidos, conocidos como deepfakes, plantean problemas de suplantación y pueden perjudicar la reputación de quienes aparecen en ellos.
Meloni se ha mostrado preocupada con los riesgos de la inteligencia artificial en numerosas ocasiones y en el pasado ha denunciado algunos montajes de los que ha sido víctima. Con esta solicitud, Meloni busca añadir una herramienta jurídica para hacer frente a esos usos indebidos que puedan dañar su reputación.
¿Puede una voz convertirse en marca?
Las marcas no se limitan a nombres o logotipos: también pueden consistir en sonidos. Una grabación de voz puede acceder a esta protección si cumple los requisitos exigidos, entre ellos el carácter distintivo.
La cuestión fundamental es que el público perciba ese sonido como un elemento que permite identificar el origen empresarial de determinados productos o servicios. Que una voz sea famosa o reconocible no garantiza, por sí solo, su registro como marca.
Una protección con límites
El eventual registro tampoco supondría una prohibición general de cualquier imitación de la voz de Meloni. La protección de una marca se vincula a los productos y servicios para los que se solicita. Por tanto, no permitiría actuar automáticamente contra cualquier contenido generado mediante IA.
El caso abre una reflexión sobre el papel de las marcas en la protección de la identidad en el entorno digital. En una época en la que resulta cada vez más sencillo imitar cómo hablamos, el reto también está en determinar qué puede protegerse y hasta dónde alcanza esa protección.





